Wallapop en caída libre

Hace casi 8 años que Wallapop ocupa un lugar en la vida de los adictos a la segunda mano de España. En 2013, momento en el que se lanzaba la aplicación, Wallapop apuntaba maneras: tenía la vocación de convertirse en uno de los primeros unicornios españoles.

Tenía una historia, el misterio de los importes de las consecuentes rondas de financiación así como los resultados financieros que, por mucho tiempo, no estaban claros. Sí se sabía, por aquel entonces, que la compañía tenía complicada la monetización de su negocio y sus ingresos venían respaldados solo por el sector inversor.


No fue hasta 2016 cuando Wallapop decidía sacar rédito a una plataforma que ya había logrado la masa crítica de usuarios. Decidían lanzar los anuncios para lograr visibilidad dentro de la plataforma. Solo cuatro meses después del lanzamiento solo el 1% de los anuncios en la plataforma se habían adherido a este sistema. Eso dejó un 2017 con 36 millones en pérdidas.

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Las malas cuentas de la compañía, que comenzaba a perder el brillo de antaño, hizo cambiar la estrategia de la misma. Por un lado, la cúpula directiva original dejó sus puestos de decisión. Fue el momento de Rob Cassedy, que venía directamente desde Ebay para hacer de Wallapop una empresa rentable.

También se comenzó a soltar lastre entre rumores de venta que nunca terminaron por llegar a concretarse. En los años de crecimiento masivo, Wallapop puso el ojo en Estados Unidos. Un acuerdo con Letgo –su competidor– inició la aventura americana para Wallapop. A finales de 2018, la española vendía su participación a Letgo y se centraba en hacer rentable el negocio en España.

Desde entonces, el perfil de Wallapop ha sido bajo centrándose en animar sus cuentas sin demasiada confianza por parte de sus fondos inversores.

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